Un grupo de hombres de todas las edades y condiciones nos reunimos cuatro veces por año en Piedralaves, desde hace cuatro años, para explorar nuestra fuerza y nuestros límites, nuestras certezas y nuestras dudas, para elaborar las bases de un nuevo arquetipo de varón en el siglo XXI.

El grupo es abierto y nuevos hombres se incorporan continuamente mientras que otros siguen su camino, una vez obtenidos sus objetivos.

Ya no sirve ser el rey ni el guerrero, el patriarca ni el héroe, el príncipe azul, el buen esposo y el buen padre de familia, el proveedor y el solucionador de todos los problemas. Y, sin embargo, se nos pide ser un poco de todo ello y algo más. Ser sensibles, expresar nuestras emociones, escuchar y saber callar sin dar consejos, compartir las tareas de la casa y de la crianza de los hijos, sin dejar por ello de llevar los pantalones y, si se tercia las maletas.

Practicamos la escucha profunda, la comunicación desde el corazón y el silencio. Atravesamos el miedo a la vulnerabilidad, a la confrontación y a la confianza de hermandad entre hombres. Sin buscar padres, podemos recuperar nuestro niño interior. En la naturaleza y en la noche nos nutrimos de nuestro lado femenino.

La práctica de algunos rituales convocan la fuerza que nos acompaña desde el principio de los tiempos, el potencial creador de vida.

El encuentro no es un laboratorio psicológico, un simple grupo de reflexión, ni una sencilla reunión de camaradería, aunque participe de los beneficios de todo ello.

El humor y la celebración de la vida es la música que acompaña cada una de las experiencias.

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